Sensaciones

Pérdida de miedo, superación, llegar a casa con las manos negras, la cara empapada en sudor, desahogo total. Salir a la calle sin tabla y notar que el mundo se ralentiza. Soñar con planchar el flip perfecto, con la cuesta interminable o con el stand mas largo. Buscar marcas de derrapes de ruedas por la cuestas de tu ciudad. El colega de turno con el que patinas hoy, que aparezca con un nuevo truco en mente, chocarle el puño. Hermandad. Buen royo. La búsqueda del siguiente spot. Ver un abanico de posibilidades donde algunos solo ven estructuras arquitectónicas. El respeto. Una ola en cada acera, un rompeolas en cada escalón y kilómetros de agua salada en mitad del océano de la ciudad. Sentir que te sobra el móvil, la cartera y las llaves. Dolores en las rodillas, magulladuras en las manos y en los codos, las señas de identidad. Las agujetas que nunca se pierden, como la ilusión cada día con la tabla a donde quiera que vayas. Destrozar zapatillas. Gastar lija. Ganar en paz mental. Cambiar la gasolina por el uretano y el freno de mano por la goma de las zapas.
Esa canción que está hecha para escucharla sobre la tabla, convertir las notas musicales en movimiento, bailar a unos centímetros del suelo.
La verdadera esencia del deporte, la sal de cada día, el momento de dejar en casa las movidas y lanzarte a surfear sin mas directrices que lo que manden tus piernas. A la tercera va la vencida, y si no a la cuarta. El porterillo sonando y tu compañero abajo, con la tabla ya en los pies, buscar de nuevo, día tras día el contrapunto del anterior. Aguantar calor, convertirlo en sudor, sudar por tu pasión.
Descansar. Soñar. Patinar. Longboard.

Textos | Alberto Jesús Mateos Garrido, Sevilla.

Ayúdame a ganar, dale al Me gusta, Google +, Share y Twitter