Por Nacho Caribbean

Siempre nos referimos a los spots en los que patinamos por sus virtudes, sus buenas características y bondades. Decimos cosas como; tiene la pendiente perfecta, el asfalto es liso y derrapa que flipas, el peralte de la curva hace que la traces sin problema… ¿Y qué hay de esos spots inservibles? ¿Aquellos que desechamos a simple vista o tras una única patinada? ¿No merecen también unas bonitas palabras y un hueco en nuestras patinadas?
El secreto está en patinarlo todo y disfrutar de cada entorno independientemente de sus condiciones. Convertir los defectos en virtudes y lograr “jugar” con todas las carreteras que nos encontramos por el camino.

Toda esta paranoia viene a cuento por una cuesta que me tiene enganchado, aunque debo controlarme y consumirla con moderación. Dicho spot es la carretera que lleva a un antiguo casino a las afueras de Zaragoza. El asfalto se deshace y hay gravilla por todos lados. Al derrapar saltan piedras que chocan contra los quitamiedos produciendo el placentero sonido del triunfo. La naturaleza está ganando la batalla con arbustos creciendo en mitad de las curvas y como consecuencia numerosas grietas y agujeros reinan por toda la bajada.

La primera vez que la patiné llegué abajo exhausto, las piernas me temblaban y me costaba asimilar que un spot con esa pendiente y esas curvas tuviese un asfalto de tan mala calidad. Era como si nos hubiese mirado un tuerto para jodernos la sesión. No soy de los que juzga a primera vista así que decidí esparcir el urertano de mis ruedas por segunda vez. Sólo hizo falta pasar la primera curva para cambiar totalmente el chip y empezar a ver la cuesta de otra manera. La capa de asfalto bajo la gravilla paso a tener un deslizamiento muy cómodo, los arbusto pasaron a ser obstáculo con los que jugar o a los que derrapar justo al lado y las grietas y agujeros… ¡Qué grietas y qué agujeros! ¡Qué manera tan sublime de romperse una carretera! ¡Qué belleza! ¡QUÉ SPOTAZO!
Jamás descartes un spot, patínalo y disfrútalo.